La condición que dispara el coraje … Quizá es muy atrevido pensar que sólo haya una. Y probablemente hay más de una condición.
Hasta donde yo llego, cada vez que me atrevo a algo, cuando eso ocurre, ya estoy actuando, ya estoy en acción.
Pero si digo, -cada vez que me atrevo-, significa que ha sido una decisión con un grado de dificultad. Probablemente alto. Ahí es donde ha actuado el coraje, tu coraje.
Sin embargo, si le damos una vuelta más al proceso, resulta que el coraje ha actuado, sí, pero ¿sobre qué?.
Supongamos un hecho: «necesito aclarar un problema grave que afecta a mi proyecto con una persona que me provoca nervios, antipatía, o similar».
Llevar a cabo esta conversación puede suponerme un reto o no. Depende. Quizá solucionar temas con personas que me son antipáticas a mí se me da de perlas y no me crea conflicto interno. Pero quizá sí. Supongamos este último caso, y supongamos también que el conflicto interno es de cierta embergadura.
En algun momento de mi discurso interno veré lo pros y contras de llevar a cabo esa reunión, o sencillamente sabré que he de hacerla sí o sí. Pero de todos modos, antes de ir físicamente al encuentro, antes de cumplir con la cita he hecho un acto importante: DECIDIR
Y lo que ocurre cuando tomamos una decisión, es que está ocurriendo algo al mismo tiempo de la decisión:
la renuncia
Es como la cara y cruz de una moneda, para que exista una necesariamente ha de existir la otra. Y aquí está la grandeza, porque cuanto más difícil es la decisión, más grande es la renuncia, y más importante es el paso dado fuera de la zona de confort.
Ya hemos hablado de esa zona antes… en este blog.
Recuerdo una vez cuando mis hijos eran pequeños, en la piscina, en verano, había una niña entre tantos otros. Joana. Glops, le daba pánico entrar en el agua, pobre… era de todo menos divertido el hecho de entrar.
De algún modo entre su madre, los demás niños, etc, lo consiguió y en cuanto pudo salió afuera de nuevo.
Ver la expresión de su rostro en todo momento daba una idea clara de lo que tuvo que renunciar para entrar: a la seguridad de estar sobre la tierra con su madre y demás conocidos, donde no se iba a hundir ni le iba a pasar nada malo, por la incerteza de estar en el agua, de lo que podría ocurrir ahí (vaya usted a saber, miedo, frío, angustia, …).
Recuerdo que pensé que Joana había sido muy valiente, y se lo dije. «Has sido muy valiente». Al principio ella no lo entendió, ni su madre tampoco, pero unos instantes después ambas sonrieron.
Sinceramente, creo que es en el momento de hacer el acto interno de renuncia cuando nace el coraje.
De renuncia a lo que nos es cómodo y conocido.
¿Y tú? ¿qué crees que es lo que hace disparar el coraje? Ya sabes, y si no, te lo digo ahora, que me encantan los comentarios. Me sirven todos. Gracias.
Y también gGracias por leer y formar parte de esta tribu.
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La inseguridad de la vida misma y la consciencia de que estas vivo, es lo que te hace salir de tu zona de confort, la zona de confort es lo mas parecido a estar muerto… Viva la inseguridad!
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2 Comments
La inseguridad de la vida misma y la consciencia de que estas vivo, es lo que te hace salir de tu zona de confort, la zona de confort es lo mas parecido a estar muerto… Viva la inseguridad!
Es correcto Josep, pasa que el reposo en la zona de confort es muy adictivo, y desde luego, que a veces también recomendable.